Los castillos y fortalezas siempre han sido el centro de múltiples leyendas y misterios. Han servido de morada de ilustres personajes históricos y, por su interés de carácter general, siempre han generado habladurías y multitud de anécdotas. Con el paso del tiempo, muchas de las historias que resultaron ser reales, se han podido distorsionar hasta no distinguirse la frontera entre lo que verdaderamente ocurrió o no. Gracias a los testimonios escritos podemos acercarnos a la verdad de ciertos hechos.
En esta ocasión hablaremos de una de las leyendas que rodean al medieval Alcázar de Segovia. Constituye uno de los monumentos más atractivos de la ciudad castellanoleonesa, pero lo que muchos desconocen es que, en su interior, se han vivido auténticas historias, muchas de ellas trágicas.
Uno de los principales ejemplos es la muerte del infante D. Pedro de Castilla, hijo de Enrique II que cayó por uno de los balcones de la fortaleza. Su final siempre ha tenido dos versiones diferentes, una que se cayó de los brazos de su cuidadora que, desesperada, se lanzó al vacío tras él. Sin embargo, según otros, el niño cayó mientras jugaba al fútbol.
Un militar que pasó una buena temporada en Segovia estudiando para sacar su Despacho de Alférez, Francisco Ángel Cañete Páez oyó hablar de este suceso e, intrigado por llegar a la verdad, investigó en varias fuentes históricas para lograr alcanzar una solución.
Para comenzar, quiso dejar claro primeramente quién era el infante trágicamente fallecido. Según la leyenda, el 22 de julio del año 1366, se encontraba jugando en una de las salas del Alcázar bajo el cuidado de su ama el infante D. Pedro, hijo de Enrique de Trastámara. Al contrario como contaba otra leyenda diferente sobre el suceso, no era un niño de pecho, sino que tenía 8 años de edad. Es entonces cuando en un giro brusco del niño y ante el descuido de su cuidadora que no pudo hacer nada para evitarlo, cayó al vacío desde el alféizar de una ventana, cayendo a las piedras del foso de la fortaleza.
Es entonces cuando el ama, empujada por el miedo del castigo que seguramente le llegara o, quizás ciega por el afecto que le tenía al pequeño, se arrojó tras el infante por la misma ventana por la que él había caído. Desde entonces, una cruz de hierro situada en el mismo sitio donde ambos cayeron recuerda el trágico suceso.
Si nos remitimos a los hechos históricos documentados, la fecha del fallecimiento del infante coincide con la leyenda, aunque la edad que se comenta que tenía el niño cuando murió se dice que es 12 años. Se apunta que su caída tuvo lugar mientras jugaba al fútbol con sus amigos y del ama no se menciona cosa alguna. Su padre que, efectivamente era Don Enrique, mandó hacer para él una bella sepultura de mármol blanco con la figura del niño, que hizo que fuera mantenida y cuidada por varios trabajadores. Este sepulcro fue trasladado a la nueva Catedral en agosto de 1558, donde se encuentra en la actualidad.
Imagen Alcázar de Segovia: Miguel303xm en Wikipedia
Imagen Torre del Homenaje: FlickrLickr en Wikipedia
¿Jugaba al fútbol en 1366? Yo creía que el fútbol se inventó al final de la Edad Media, por eso me resulta extraño que un niño español jugara al fútbol en 1366… no sé, no se…