El rumor histórico que ha llenado miles de páginas consiste en que los nazis no habrían dudado en emprender experimentos con la finalidad de averiguar el peso del alma humana en sus campos de la muerte. Sin embargo, hay que decir en su favor que no fueron los únicos.

Artículo del New York Times sobre los trabajos de Duncan McDougall
Oficialmente, el primero en haberse lanzado en estas experiencias singulares de “gravimetría anímica” es, en 1906, el Dr. Duncan MacDougall, médico americano en Massachusetts General Hospital de Boston, ayudado por el Dr. Sproull. De estas terribles prácticas de doble-pesada a los que se morían, habría podido deducir: “Su alma, señores, pesa 21 gramos aproximadamente”. Operó con una balanza colocando a seis enfermos e informó de un desequilibrio que corresponde a una pérdida de peso de entre 11 y 21 gramos en el momento de la muerte.
En realidad, MacDougall nunca se ha atrevido a declarar que sus pruebas eran una prueba de la existencia del alma, pero a lo sumo podían acreditarlo (hipótesis), dado que ninguna otra explicación normal y fisiológica se encontró para que se explicara el cambio de peso. Se trataba de misteriosas caídas de peso bruscas en el momento de la muerte, medidas sobre agonizantes que estaban a punto de pasar al otro lado. De ahí la idea de tomar esta disminución repentina como criterio del momento de la muerte, un concepto durante mucho tiempo dudoso.
Para realizar estas evaluaciones, MacDougall había solicitado la ayuda voluntaria de enfermos en fase terminal – de tuberculosos – y cuando su estado ya no les dejaba manifiestamente más que algunas horas, él mismo los colocaba sobre una cama colocada sobre una estructura ligera, que servía de eje de para pesarlos. De modo que su peso se medía con un grado de error de tres gramos, un sistema muy sensible. Los sujetos experimentales seleccionados además debían estar físicamente agotados porque el doctor MacDougall no podía permitir que por algún espasmo muscular la medida no fuera correcta.
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