Las guerras son una buena muestra de la barbarie humana. Con objeto de colmar las ambiciones espúreas de los poderosos, millones de seres humanos son enviados al matadero y sacrificados como animales sin el menor escrúpulo.

Monumento conmemorativo a los caídos australianos en Gallipoli
Por ello, no es de extrañar que en ellas se produzcan todos los días desapariciones de personas en los frentes de batalla. Lo que ya no es tan normal es que quién desparezca sea casi todo un batallón, es decir, unos cuatrocientos hombres. Y sin embargo sucedió.
Durante la Primera Guerra Mundial -en 1915-, en la península turca de Gallípoli, se dio una cruenta batalla en la que participaba el regimiento Norfolk. Era éste un cuerpo de voluntarios reclutado entre los trabajadores de la finca de Sandringham, perteneciente a la familia real británica.
El quinto batallón de este regimiento estaba mandado por el coronel Sir Horace Proctor Beauchamp y tenía como misión en aquel choque tomar las colinas de Kavak Tepe y Tekke Tepe. Enfrente se hallaban los turcos. De esta suerte, el doce de agosto, el citado oficial dio la orden de asalto a través de la maleza.
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